Tres pasos al frente - La Razón | Noticias de Bolivia y el Mundo

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CINE

Si bien el cine boliviano se acercó a la Guerra del Chaco desde los mismos años del enfrentamiento con el Paraguay entre 1932 y 1935, en principio documentando in situ los acontecimientos (La campaña del Chaco, Juan Peñaranda Minchín/1933; Infierno Verde, Luis Bazoberry/1932-1935), Tres pasos al frente, primer largometraje del joven director cochabambino Leonardo Pacheco (21 años) a la cabeza de un elenco igualmente bisoño, se suma a Boquerón (Tonchy Antezana/2015), Fuertes (Óscar Salazar Crespo, Franco Traverso Chueca/2019), Chaco (Diego Mondaca/2020), trilogía de las más recientes miradas retrospectivas de nuestro cine sobre aquel crucial momento de inflexión en la historia del país. Y, tal cual ocurre casi siempre con las óperas primas,el ambicioso apuro por decirlo todo de una vez, y con el mayor despliegue de efectismos a mano, desemboca en algunas demasías atribuibles a la inexperiencia de sus responsables. Sin embargo, es justo apuntarlo, el director hace, intermitentemente, gala de una puntería escasa en ese tipo de primeras obras.Tres pasos al frente - La Razón | Noticias de Bolivia y el Mundo Tres pasos al frente - La Razón | Noticias de Bolivia y el Mundo

Los códigos instituidos por la industria del entretenimiento en relación al género del cine bélico entrañan un desafío ineludible: someterse a esas recetas, repitiendo los sobados estereotipos frecuentados en incontables títulos apuntados a mostrar las contiendas armadas como el non plus ultra del arrojo varonil, o bien zafar de semejante corsé para develar la profunda estupidez de semejantes eventos, mayormente propiciados, a lo largo de la historia universal,por los dueños del poder para legitimarlo o acrecentarlo. Al comulgar con la glorificación patriotera de algunos episodios instalados en el imaginario colectivo por la historia oficial en el modo de paliativos al desencanto que trae consigo la enumeración de los traspiés de los cuales se encuentra plagada la historia republicana, Pacheco no sale muy indemne del auto-envite que asumió al asomarse a la descabellada aventura a la cual fueron empujados Bolivia y Paraguay por los intereses de algunos países vecinos y las empresas petroleras, puntas de lanza del modelo neocolonial implantado desde los albores de la República en complicidad con las oligarquías nativas.

Pacheco aborda lo sucedido el 6 de agosto de 1933 cuando al constatarse la enorme cantidad de bajas en las tropas bolivianas, a instancias del obcecado entonces presidente Daniel Salamanca y de su improvisado asesor estratégico traído desde Alemania, el Gral. Hans Kundt, los cadetes de primer, segundo y tercer año del Colegio Militar, muchos de ellos adolescentes de entre 13 y 18 años, fueron instados a dar tres pasos al frente para acudir voluntariamente a las trincheras. Los más de 160 cadetes dieron unánimemente, en igual número de ocasiones, esos tres pasos adelante y 10 días más tarde partieron hacia aquellas lejanas tierras asoladas por el calor y la sequía, de donde solo retornaron vivos algo menos de 110.

El relato está seccionado en tres bloques, untanto desbalanceados. El primero, que se alarga a 52 de los 107 minutos del metraje, se detiene en el resaltado de la dimensión humana de los personajes y en un exhaustivo repaso a las minucias de la rutina castrense. En el segundo, Pacheco se toma un par de licencias (la composición de los oficiales “pilas” Cabrera y Martínez)para acomodar el conflicto dramático a opinables sentencias proferidas por los jefes: “La guerra exige hombres no niños”, “vivir es un acto de cobardía”, entre otros, creyéndose así eximido de poner en cuestión el absurdo esencial de cualquier guerra. El tercero cumplimenta su mirada al sacrificio como el paso a la inmortalidad histórica, echando mano de la pormenorizada inmolación de los voluntarios sin escatimar ningún detalle de la crueldad a la que es capaz de llegar, en esas circunstancias extremas, el hombre: el “otro”, claro —lo que Eco denomina “construir al enemigo”—, permitiendo, con tal inventario, de atrocidades, parece suponer asimismo el realizador, añadir unos centímetros a la estatura heroica de los personajes.

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Es ambigua la caracterización de Salamanca, a cuya tozuda irresponsabilidad camarillera cabe endilgarle, sin la menor duda, el desastre de aquella guerra con su altísimo costo en pérdidas humanas y no se advierte asomo alguno decontextualización geopolítica, anclándose en un miope ombliguismo, par de inadmisibles, a estas alturas, omisiones compartidas con los títulos colacionados en el primer párrafo, salvo en algunas instancias del film de Mondaca.

En su debut, anotamos más arriba, Pacheco peca de los excesos usuales de las primeras incursiones en cualquier rubro creativo, sintiéndose obligado a expresarlo todo de un solo envión, aun cuando en el caso de Tres pasos al frente, exhiba, por momentos, una perspicacia inusual en los principiantes. Pero es asimismo constatable un desconocimiento de la función de las herramientas narrativas propias de los códigos cinematográficos.

Hay a lo largo del relato un abuso desmedido de los primeros planos, cuyo valor expresivo permite sacar el mejor partido de la gestualidad de los intérpretes, pero si, al mismo tiempo, estos últimos vociferan sin pausa, en vez de potenciar el alcance denotativo de los elementos icónicos tal subrayado superfluo acaba neutralizándolo. De igual manera, el forzado acento lastimero, condolido y fingidamente empático, amén de sobreactuado, de la dilatada secuencia del adiós en el momento de la salida de los personajes hacia el frente acaba siendo deslucido por los recalcados verbales. ¿No hubiese sido más eficaz tratar aquella sobrecogedora circunstancia enfocándose en los gestos de los actores y dejando a la imaginación de los espectadores las réplicas, con lo cual se hubiese franqueado de seguro una más clara empatía emocional de éstos hacia aquéllos?

La música, sin entrometerse mucho, tampoco aporta gran cosa al enriquecimiento dramático, como sí lo hace la fotografía trabajada sobre una paleta marrón que no se somete al “verde” de aquel infierno y así consigue densificar visualmente la agobiante sensación de sed, relatada con tanta puntería por Augusto Céspedes en Sangre de mestizos (1936). Los actores, por su lado, atienden su tarea apelando a la (no muy amplia) gama de sus recursos, salvo un par de fallidas caracterizaciones, en particular la de Kundt.

A estas alturas, y sin menoscabo del sacrificio entregado por quienes marcharon al horror, no saldría sobrando preguntarse si aquel grupo de voluntarios dieron los tres pasos al frente porque amaban a la patria, o por la sabida propensión de los adolescentes hacia la aventura, en esa etapa de mutación existencial en la cual el grupo, la pandilla, la camaradería generacional en fin, se convierten en los referentes del comportamiento de los individuos urgidos de sentirse aceptados,o, en definitiva, porque fueron víctimas del contagio con la atmósfera de la época, impregnada de una inflamación patriotera gatillada por el Partido Republicano, autodenominado Genuino, con Salamanca a la cabeza, que creyó haber topado con la oportunidad de consolidar un poder que comenzaba a flaquear.Tanto da, se dirá, y en última instancia, es así, pero, guardando el debido respeto, el puro tributo se me antoja insuficiente para aportar a una ponderación más precisa de lo acaecido en el Chaco Boreal.

¿Y cuáles son de las destrezas insinuadas dos veces líneas arriba, impidiendo que Tres pasos al frente acabe en un capricho devenido en caricatura? se preguntará el lector. Detallo: la composición de los personajes, sin tensar la cuerda emotiva hasta romperla, y evitando convertirlos asimismo en pedazos de mármol parlante,permite sostener la credibilidad del relato. El ojo para elegir las locaciones en Cochabamba, Cotapachi y Tarata, situadas a cientos y miles de kilómetros de la sede de gobierno y del escenario de la guerra, respectivamente, gracias al cual tampoco se pone en riesgo la fiabilidad narrativa.

Por añadidura. En tiempos en los cuales la lectura ha pasado a ser una alternativa de los “raros”, los pocos que optan por un libro en lugar de la flamante tontería de hoy en TikTok y sabiendo por lo demás cuán poco afectos hemos sido siempre a reflexionar colectivamente acerca de nuestra historia, a revivir la memoria — menos aun con sentido crítico—, quizás el mérito principal de la película de Pacheco sea el de la invitación a sus coetáneos a ese ejercicio, aun cuando el abordaje elegido para dicha mirada retrospectiva peque de los vacíos ya mencionados. O sea: permanece abierto el crédito para Pacheco de cara a su eventual reincidencia fílmica.

FOTOS: PELÍCULA ‘TRES PASOS AL FRENTE’

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